sábado, 30 de diciembre de 2017

Ciao 2017. Gracie mile.


Ciao 2017. Gracie mile.

Otro año que se va, otro año que llega. Otra vez momento para mirar atrás y dar gracias a todos los que habéis formado parte de todos estos sueños que se han ido haciendo realidad. Un año que comenzaba titubeante en cuanto a nuevos proyectos pero que el paso de los meses ha demostrado que muchas veces el mejor plan es no tener ningún plan…

Comenzaba el año con el tradicional retiro en la sierra, rodeado de amigos, brindando por el Nuevo Año y asistiendo al ya esperado castillo de fuegos artificiales que prepara mi compadre. Carrerita por la sierra para desintoxicar y a por el 2017…

Un año que deportivamente comenzaba con la Maratón de Sevilla, donde la organización me cedía generosamente un stand para dar a conocer las bondades de la Fundación Andrés Olivares en el mismísimo Fibes con la excusa de mi reto #YoAdelantoTuDonas. Además tuve la oportunidad de conocer a la maravillosa gente de Carros de Fuego, que desde ese momento entraron a formar parte de mi vida.  Una maratón muy emotiva, adelantando a mucha gente y transmitiendo desde mi modesta posición la importancia de hacerse donante. En poco tiempo iba a tener la oportunidad de correr mi primera carrera con Carros de Fuego, un día que jamás olvidaré. Desde que Cristian me regaló aquel día la oportunidad de ser sus piernas y disfrutamos de lo lindo en la 10K del Parque María Luisa nada volvió a ser igual. Se me hace cada día más difícil correr sin empujar un carro…

En Marzo sale a la luz una campaña publicitaria del crack de Diego Escobedo, “1,5 desnudos” que me dio la posibilidad de compartir video junto a grandes amigos y estrellas de la interpretación. Un video que salió incluso de España y que formó parte de los informativos de las principales cadenas del país, todo ello además por una buena causa.

En Abril un acontecimiento no deportivo (aunque es cierto que pude vivir la experiencia de pasar casi 24 horas con una de las glorias de nuestro deporte, el gran Fernando Romay, grande en todos los sentidos) marcaría también el año. Gracias a mi amigo Alonso tuve la oportunidad de formar parte del equipo de voluntarios que participamos en la celebración del I Congreso de Feliz-Si-Das en el Teatro de Dos Hermanas, un evento que seguro  contribuyó a cambiar la vida de muchas personas.  Al día siguiente viaje a Jerez para participar en otra edición del reto #YoAdelantoTuDonas, esta vez en la Sherry Maraton, donde conseguí un dorsal gracias a un sorteo de mis amigos de #Ispossible Team.

En Mayo, mes de la Feria de Dos Hermanas, mini escapada a Zahora, donde cargamos pilas como si de un mes de vacaciones se tratase. Correr por la Breña, contemplar esas puestas de sol eternas, pasear hasta el Faro,…recrearme en este Paraíso de la costa de Cádiz al que necesito volver cada vez con más frecuencia.

En el mes de Junio acepto el regalo de mi amigo José Luis y junto a mi amigo Dani nos vamos a Salamanca, a disfrutar de un half precioso en un día de enorme calor. Una experiencia inolvidable, un fin de semana con un auténtico pro que un mes después estaría a punto de pilar plaza para Kona en el IM de Zurich. Este mismo mes saco a la luz un nuevo libro “Cartas para cuando no esté”, dedicado y escrito para Pablo y Daniela. Hasta que Planeta llama a mi puerta, sigo publicando en Bubok. Esta vez incluye un espectacular prólogo de mi hermanoamigo José María Rey, seguro que lo mejor del libro. Rematamos el mes corriendo la nocturna de Dos Hermanas formando equipo con Dani y con mi amigo Toby, recién llegado de USA. Un honor haber corrido junto a Cristian por las calles de mi ciudad.

Llega Julio, mes de mi cumple y de vacaciones. Unos días espectaculares en Isla Canela, aprovechando para nadar y correr y disfrutando de la familia, con mis primas y los amigos. El mes de Agosto pasa volando, para llegar a uno de los puntos fuertes de la temporada.

El día 2 de Septiembre celebramos la I Edición del Reto+Vida, una aventura indescriptible llevada a buen término gracias a la encomiable colaboración de todos, pero sobre todo gracias a mis amigos Ivana y Diego, que hacen realidad este sueño. No recordaba haber vivido tantas experiencias tan intensas condensadas en tan sólo 16 horas… Una tradición que esperamos repetir en años venideros y que entre miles de cosas, me enseñó que no es necesario un dorsal oficial para disfrutar de una experiencia brutal.  Ese mismo mes, rematamos con la XIII Edición del Titán Sierra de Cádiz, que seguro que quedará en la memoria de todos. Esperemos que en 2018 podamos disfrutar de una nueva edición. Por si fuera poco, rematamos el mes con la Nocturna de Sevilla de nuevo junto a los niños de Carros de Fuego, otra vivencia inolvidable que además tengo la oportunidad de compartir con mi sobrino-primo José Mari y con mis amigos Jesús Jr. y Sr.

A comienzos de Octubre escapada a Málaga junto a mi bro Diego Escobedo para obtener las fotos del calendario de este año. Esa tarde en la Fundación Andrés Olivares es una cita que no podemos dejar pasar a estas alturas de la temporada. Se aprende tanto en tan poco tiempo…A finales de mes recibo un regalo que en la vida hubiese alcanzado ni siquiera a imaginar. Gracias a la colaboración y al engaño de mi amiga Ivana, recibo una mención especial en la Gala del Deporte Nazareno, por mi colaboración con el deporte. Un reconocimiento que me supera, y aunque reconozco que hay mucha gente que lo pudiese merecer más que yo, me hace una ilusión enorme.

En Noviembre corro la media maratón de Dos Hermanas, con otra edición del  reto #YoAdelantoTuDonas. A finales de mes recibimos la visita del gran Andrés Olivares, para presentar en un marco incomparable como el Ateneo de Sevilla la III Edición del Calendario Adn Solidario a favor de la Fundación Andrés Olivares. Como si de otro sueño se tratase, comparto cartel con el propio Andrés, con Pablo de Apoleu y con Susana Herrera…

Diciembre es el mes de la boda de mi hermano Alejandro y de Carmen, un acontecimiento familiar muy deseado y esperado que marcaría el mes. Verlos tan felices y poder disfrutar de Manuel un día tan señalado era una inmejorable forma de casi terminar el año, pero todavía quedaba más. Al fin de semana siguiente acudo a Sanlúcar de Barrameda a participar en la II Edición de la Ultramarathon de la Vida. Poco puedo decir aquí que no haya  dicho ya. Una prueba espectacular organizada por el gran Eduardo Rangel de Donando Vidas, que combina solidaridad, emociones, grandes deportistas, la belleza de su entorno… Una carrera que te cautiva y que te deja sobre todo, con ganas de volver…

En este último trimestre participo en la formación de Liderazgo Emocional Inteligente, con asistencia de cracks como Patricia Ramírez, Sonia Cervantes, y Javier Iriondo, genialmente organizados por el  gran Alonso.

Resumiendo, un año verdaderamente espectacular. Muchas veces hay que pararse y mirar hacia atrás para darse cuenta de todo lo que hemos hecho. La vorágine del día a día nos desconecta del verdadero sentido de lo que hacemos. Muchísimas gracias a todos los que habéis hecho posible este año inolvidable. No es necesario que os mencione, porque todos sabéis quienes sois. Ahora a por un 2018 espectacular. Sirva este sencillo video como homenaje y como agradecimiento.

Arrivederci.

lunes, 18 de diciembre de 2017

II Ultramarathon de la Vida



Después de una semana de haber vivido esa inolvidable  experiencia que ha sido la segunda edición de la Ultramarathon de la vida seguía sin encontrar formato ni palabras para redactar esta crónica. El Sábado, en una magistral Masterclass impartida por Javier Iriondo volví a escuchar el concepto de la Plenitud. Creo que es una de las palabras que mejor define lo vivido los días 9 y 10 de Diciembre en Sanlúcar de Barrameda. Me sentí pleno.

Lo complicado era ahora darle forma. Para intentar dar un poco de originalidad a la crónica y facilitar su lectura, he decidido resumir la indescriptible experiencia vivida en forma de lista de momentos y emociones vividas, comenzando justo en la ida hacia Sanlúcar y finalizando en la vuelta a casa, para no extenderme más de la cuenta:

1.- Volver a montarme en un autobús con destino a Sanlúcar de Barrameda, algo que no hacía desde que era muy joven y que me ha hecho rejuvenecer varios años, bastantes ya.

2.- Poder disfrutar del camino a Sanlúcar desde otra perspectiva. Nada que ver con hacerlo en bici o en coche. Una prueba más de que cuando cambias la forma de mirar las cosas, las cosas que miras cambian.

3.- Llegar caminando a la Calle Ancha y encontrar el Arco de Meta junto a la biblioteca.

4.- Saludar, abrazar y sonreír a gente tan excepcional como Eduardo, Loli, Diego, Paco, Jesús, Rocío, Óscar, Jona, Pablo, José Mari,…

5.- Conocer a gente que hasta ahora sólo veías por la pantalla del móvil, como mi tocayo Antonio Prats, puro #life, Super Paco, Ricardo Abad, José Luis, Chito,…

6.- Conocer a gente nueva como Andrés, John, David, Paco,...



7.- Recoger ese dorsal que voy a vestir durante las próximas casi 24 horas.

8.- Ponerte frente al objetivo de Andrés para obtener el testimonio gráfico de que yo estuve allí y formé parte de la II Ultramarathon de la Vida.

9.- Recibir la llamada de tu amigo Gaby que viene desde Dos Hermanas para participar en la Nocturna, junto a su mujer y cuñados.

10.- Encontrarte y saludar al guerrero Juanfran y a su princesa Carmen de camino a la línea de salida, y sentir que estás abrazando a alguien muy especial…

11.- Poder comprar mi primera camiseta de “Donando Vidas”.

12.- Que se te salten las lágrimas en uno de los minutos de silencio más emotivos que he vivido.

13.- Disfrutar con los videos del inigualable Eduardo justo antes del momento de la salida.

14.- Correr por la Calzada en dirección a la playa mientras el crack de Diego te apunta con su cámara.

15.- Recorrer las calles de Sanlúcar junto a mi amigo Jesús muchos años después desde que lo hiciésemos paseando cuando éramos niños.

16.- Sentir como el corazón se quiere escapar del pecho en la interminable cuesta Belén, con el Castillo como testigo implacable de nuestros pasos.

17.- Escuchar los aplausos y los gritos de ánimo de un público sanluqueño entregado.

18.- Poder observar en primera línea como tu amigo Jesús entra en meta de manos de su hija Cayetana.

19.- Pasear por plena Plaza Cabildo un Sábado de Puente en chándal y con mi mochila al hombro.

20.- Degustar una exquisita pizza en la Pizzeta junto a otros participantes en la prueba, y que a tu compañera de barra le llegue un aviso al móvil comunicándole que ha quedado tercera en su categoría.

21.- Recoger a Diego y a Andrés en su pedazo de furgoneta a finales de la Calzada para llevarlos al Hotel.

22.- Dormir en furgoneta en pleno Bajoguía gracias a la generosidad y hospitalidad “der nota de las fotos”.

23.- Tomar un café con leche “de bote” en pleno centro de Sanlúcar, como solía hacer alguien muy importante en mi vida.

24.- Conocer a María José, una chica recién trasplantada, que después de haber finalizado la carrera nocturna del sábado, se lanzó a recorrer 50 k. en MTB.

26.- Ver la calle Ancha “acolapsada” de bicicletas.

27.- Cruzar dos veces el arco de salida de una carrera con un intervalo de 13 horas, algo que no había hecho nunca, pero que espero repetir en un año.

28.- Formar parte de la marea de corredores que atravesaron la ciudad de Sanlúcar en dirección a sus sueños.

29.- Adelantar y ser adelantado, como fiel metáfora de la vida misma.

30.- Contemplar el paisaje de las salinas de Sanlúcar, e imaginar que estás corriendo junto al Perito Moreno.

32.- Correr por las marismas, mientras el Gudalquivir te contempla.

33.- Desfilar en el horizonte visual de una manada de ganado bovino, dando por hecho de que no son bravos.

31.- Recibir en la muñeca la pulsera del riñón.

32.- Disfrutar en cada uno de los avituallamientos con esos voluntarios ejemplares.

33.- Saborear los manjares en los avituallamientos: nunca las naranjas, los plátanos, los dátiles, los frutos secos, y los donuts de chocolate me habían sabido tan bien.

34.-Recibir en la muñeca la pulsera del pulmón.

35.-Disfrutar por los pinares de la Algaida, mientras tus pies se entierran en arena.

36.- Recorrer varios metros en solitario, reviviendo momentos de mis peregrinaciones a Santiago.      

37.- Recibir en la muñeca la pulsera del hígado.

38.- Encontrar en carrera a mis amigos Óscar y Jona, a quienes  tenía desubicados.

39.- Arrastrarme subiendo la cuesta del Club de Golf mientras un compañero delante mía se encuentra con su familia.

40.- Recibir en la muñeca la pulsera del páncreas.

41.- Atravesar un “desierto” donde decido grabar un vídeo pidiendo colaboración para la donación de órganos.

42.- Decidir compartir este vídeo en redes sociales.

43.- Arrastrarme otra vez subiendo la cuesta del “Reventón”.

44.- Acercarme al centro de Sanlúcar escoltado por un Policía Municipal en moto, como si fuese cabeza de carrera.

45.- Recorrer las últimas calles de Sanlúcar entre los aplausos y ánimos del público.

46.- Echarme a un lado para sacar la bandera de la Fundación Andrés Olivares del camel bag y echármela sobre mis hombros.

47.- Afrontar la calle Ancha y divisar al fondo el arco de meta.

48.- Volar ayudado por la bandera en dirección a la meta, aclamado por la gente.

49.- Distinguir a mi amigo Jesús grabando el momento.

50.- Cruzar la línea de meta, siendo consciente de que esto no ha terminado, acaba de empezar.

51.- Recibir en la muñeca la pulsera del corazón y en el cuello la medalla de Finisher de la II Ultramarathon de la Vida.

52.- Recibir mensajes y llamadas de la familia, porque gracias a Jesús, casi han vivido mi entrada en meta en directo.

53.- Ser entrevistado por Chito Speaker, todo un honor.

54.- Abrazar y agradecer a Eduardo, alma máter de todo este invento.

55.- Recoger mi fotografía del dorsal del día anterior, con una sonrisa que presagiaba todo lo que iba a vivir.

56.- Permanecer varios minutos en la línea de meta, asistiendo a la entrada de gente muy grande, mientras disfruto de un bufet de frutas sin igual.

57.- Recibir la última señal de generosidad de D. Diego Escobedo que lo arregla todo para que vuelva a casa en familia, en lugar de hacerlo en la soledad del autobús.

58.- Poder abrazar y despedirme de tanta buena gente reunida en un lugar tan maravilloso. Una prueba más de que #SanlúcarEsElParaíso.

59.- Echar la vista atrás desde la Plaza Cabildo y sonreír pensando que ya sólo quedan 364 días para la III Edición.

60.- Mandar la ubicación a mi amigo Kapi para que me recoja y que salga en el móvil “Pescados y Mariscos Joselito Huerta Hijo”, esa frase típica de mi padre que tanto me hacía reír de pequeño.

61.- Disfrutar de un viaje de vuelta a casa junto con Kapi y su familia en su todo terreno (que además había servido de coche de la organización) con otra perspectiva diferente del camino.

62.- Llegar a casa, donde como siempre, me esperan María, Pablo y Daniela, los que le dan verdadero sentido a los 61 momentos anteriores.

Sólo 62 momentos (tantos como kilómetros) de plenitud, de sentir como se erizaba mi piel. 62 momentos seleccionados de entre una infinidad de ellos, que espero que por muy frágil que comience a ser mi memoria no se borren de ella en mucho tiempo.

Gracias a todos los que hayáis llegado hasta el final, porque esto ha debido ser casi tan largo como la carrera. Ahora sí que puedo decir tranquilo que #YoSoyLife

#DonaOrganos #DonaVida #ShowMustGoOn

 

 


viernes, 27 de octubre de 2017

XXXVII EDICIÓN DE LA GALA DEL DEPORTE NAZARENO

El pasado viernes 20 tuve la fortuna de vivir uno de esos días que recordaré para siempre. Aunque soy mucho de la frase del General Aníbal del equipo “A”: “Me encantan que los planes salgan bien” hay muchas veces que la improvisación y la sorpresa son los mejores planes. Para que todo fuese aún más inolvidable, mi amiga Ivana Benítez se encargó de llevarme a la XXXVII Edición de la Gala del Deporte del Ayuntamiento de Dos Hermanas totalmente engañado. Días antes me había comentado que ella iba a ser premiada y que desde la organización le habían pedido que aprovechando la entrega del premio dijese unas palabras para seguir difundiendo el #RetoMasVida. Como sabe lo que me gusta un micro y que de vergüenza ando igual que de pelos me pidió por favor que fuese yo quien subiese al escenario a dar la charla. Aunque tengo que reconocer que había algo que no me acababa de encajar, pero como a Ivana no se le puede decir que no, me puse a preparar el discurso para entrenarlo innumerables veces en mi trayecto de ida y vuelta al trabajo en bicicleta. Sin saber muy bien porqué preparé dos alternativas, la principal que leería tras el galardón a mi amiga Ivana y la segunda por si incluso me caía algo. Como al final cambié charla por premio, en señal de agradecimiento subo a mi blog una mezcla de ambas propuestas para poder  lo que afortunadamente el viernes me quedé sin decir. La sorpresa además fue completa cuando, al levantarme para subir al escenario a recoger el premio, Ivana me comentó que mi mujer María y mis hijos Daniela y Pablo estaban en el público y habían venido a verme. Tengo que reconocer que esto me hizo especial ilusión, porque aunque que gracias a ellos soy capaz de llevar a cabo todos mis retos deportivos, respetan esta forma de vida pero no la comparten, algo que es perfectamente entendible. Que hayan estado allí en directo tiene para mí un valor especial. Que tu hijo adolescente de 13 años, en una edad en la que los padres hace tiempo que dejamos de ser héroes te diga que está orgulloso de ti me emociona enormemente. Al final enhorabuenas y felicitaciones por doquier, algo a lo que reconozco que no estoy muy acostumbrado y me sobrepasa un poco, pero unos momentos, como diría mi amigo Andrés Olivares, de esos que erizan la piel y que son los que realmente cuentan a la hora de vivir. Gracias especiales a la familia de Ivana, que estuvo conmigo desde el primer momento, y para mi amigo Norber, que se coló a última hora para grabar en video la recogida del premio y poder hacernos una foto para el recuerdo, como todas esas que ya tenemos en pasadas aventuras. Tampoco puedo olvidar al gran Diego Escobedo, al que pillamos trabajando pero que también tuvo mucho que ver en la creación del #RetoMasVida que posiblemente me trajo hasta aquí. Gracias a todos y #ShowMustGoOn.

El “no discurso”

Buenas noches. Perdonad por los nervios pero no estoy nada acostumbrado a subir al pódium y a recoger trofeos. Ha sido la primera vez y no me extrañaría que fuese la última. Ahora mismo estoy totalmente fuera de mi zona de confort. No tengo nada que ver con todos los cracks que han subido y seguirán subiendo a este escenario. Muchísimas gracias a todos, incluso a mi amiga Ivana que me la ha jugado. Ivana, reconocida como mejor deportista veterana de Dos Hermanas, además de todo lo que habéis incluido en su currículo, también tiene el honor de ser la primera mujer nazarena (sevillana, andaluza, europea y hasta del mundo) en completar un Ironman (no oficial) por las calles de  nuestra ciudad de Dos Hermanas. Una auténtica crack como deportista, pero aún más como persona. Porque Ivana siempre está dispuesta a ayudar a los demás. Yo tuve la especial fortuna de compartir con ella casi 16 horas y 226 kilómetros en la I Edición del Reto Más Vida y seguro que habrá sido uno de los motivos para que hoy esté aquí. Y aunque estoy muy agradecido y emocionado, siento deciros que este premio realmente no me corresponde. Esta distinción es para todos y cada uno de los niños de la Fundación Andrés Olivares, Rafa, Dani, Paula, Rubén, María, Carmen...; para los niños de Carros de Fuego, para Cristian, Luisfer, Elena, Casilda…; para todos esos posibles receptores de médula; para esos niños y mujeres de la Fundación Vicente Ferrer con los que pretendemos colaborar el próximo año en un reto espectacular; para mi familia (mi mujer María y mis hijos Pablo y Daniela) gracias a los que puedo llevar a cabo todos mis retos… Ellos son los verdaderos merecedores de este premio. Ellos y todos esos deportistas anónimos que también ayudan en sus proyectos solidarios y que no tienen la suerte de ser reconocidos como yo. También todos mis familiares, amigos, y conocidos que no dejáis en apoyarme en ningún momento, con independencia del fregado en que me encuetre. No es lo que hacemos, es para qué lo hacemos. No valen las excusas de que no podemos cambiar el mundo. Tenemos la posibilidad, y casi la obligación, de cambiar la parcelita de 2 m² que nos rodea. Si todos cambiásemos nuestras parcelas seguro que haríamos un mundo mejor. Ayudar a los demás es una de las mejores formas de cambiar el mundo. Una voluntaria de la Fundación Andrés Olivares nos dijo una vez que cuando se ayuda se recibe mucho más de lo que se da. Donar médula, donar órganos, donar sangre, en definitiva, donar vida es seguro la mejor forma posible de ayudar a los demás. Ivana es una viva prueba de esto, porque da mucho. Lo da todo. Y día a día va mejorando su parcelita para servir de modelo e inspiración a todos los que la rodeamos. Lo de hoy es una prueba más. Gracias a todos los asistentes, al jurado, y al Excmo. Ayuntamiento de Dos Hermanas. Como dijimos en su día nada más cruzar la imaginaria línea de meta que colocamos en el Lago de la Vida, el Reto Más Vida no acabó allí. Comenzó allí. Por eso queremos aprovechar esta oportunidad para seguir difundiendo la necesidad de hacernos donantes de médula, de órganos, de ayudar a los demás en general. En breve vamos a presentar la III Edición del Calendario Solidario a favor de la Fundación Andrés Olivares, que es otra forma de seguir ayudando. Muchísimas gracias a todos de corazón.







domingo, 24 de septiembre de 2017

CRÓNICA TITÁN XII + I


No había pensado hacer crónica sobre el Titán. El Titán es algo para vivir, no para contar. Pero las circunstancias vividas ayer en la edición XII + I del Titán (uf, Ángel, tenía que haber sido en tu año ¿causalidad?) me han empujado a escribir estas líneas como modesto homenaje a todos los Titanes. Esta crónica es una crónica en positivo, como yo lo he vivido. Para mí, el Titán, como otras muchas cosas en esta vida, es cuestión de equilibrio. Pones la balanza y ves si lo positivo supera a lo negativo para quedarte con ello. En mi caso particular, lo supera ampliamente, por lo que seguiré creyendo en el Titán. En línea con lo que comentabais unos días antes de la prueba, reflejaré mis Trece Momentos Vividos ayer.
  1. Levantarme tan temprano que cuando me despido de mi familia están aún en la fase profunda del sueño y ni se enteran de mis besos. Aunque no lo crean, aunque no lo entiendan, estas cosas las hago por, para y gracias a ellos. Cuando mis hijos tengan edad de conducir, me los llevaré a hacer el recorrido del Titán en coche, para que vean lo que su padre (un auténtico negado para esto de los deportes) era capaz de hacer ya de mayor sólo con la ayuda de ilusión, pasión y disciplina… No quiero que nadie les diga que no pueden hacer algo, ni siquiera yo. Los sueños son para hacerlos realidad.
  2. Sentirme insignificante bajo el cielo estrellado de Zahara. Tras dejar el coche en el aparcamiento de la Organización, y marchar con la bici al hombro para evitar pinchazos de última hora, miro al cielo y un manto tupido de estrellas cubre todo el firmamento. Me quedo pensando que muchas de esas estrellas que hoy admiramos dejaron de existir hace una eternidad, mientras su luz sigue viajando por el tiempo. Como en la escena del Rey León, me acuerdo de los que ya no están con nosotros. Y aún bajo esta maravilla hay veces que tenemos la osadía de creernos importantes…
  3. Encontrarme a viejos y nuevos amigos. El Titán es su gente, y  no hay nada como encontrarte con aquellos a los que ya hace tiempo que no ves, o incluso conocer en persona a gente a los que sólo veías en el mundo de las redes. Jose González, Diego Escobedo, Cristina Quintero, Ángel Garrido, María Jesús Sierra, Juan Diánez, Juanlu, Jona Toro, Julio, Vargas, Rita, Ivana Benítez, Eduardo Rangel, Loli Vidal, David, Juanfran López, Carmen del Grosso, José Luis Ledesma, todos ellos y alguno que otro al que he podido olvidar de forma no intencionada y que justifican sobradamente esta locura.
  4. Sentirte en el punto de mira del objetivo del gran Diego Escobedo. Mirar hacia el lado y ver que estás siendo apuntado con su cámara. Sentir una moto y oír esa voz tan familiar llamándote Choleja que precede a una ráfaga que seguro que inmortalizará lo mejor de mí. No hay Diego sin Titán, ni hay Titán sin Diego. Y el año que viene participará con dorsal, por lo que no me quedan dudas sobre la celebración del Titán XIV. Y no le arriendo las ganancias al que ose quitarle chip o dorsal al “bisho”…¡Gracias crack!
  5. Ver amanecer desde las inmediaciones del lago mientras esperas el momento de echarte al agua. Contemplar las montañas iluminadas por el Sol mientras su reflejo pinta el “skyline” de Zahara de ese color tan especial.
  6. Hacer nuevos amigos y parecer que los conoces de toda la vida. Ayer me tocó la lotería encontrándome a Juanjo Muriana, con el que realicé toda el segmento de la carrera a pié y que hizo que a pesar de su dureza, la pudiese disfrutar. Para los viejos guerreros como yo, el Titán recuerda mucho a la desaparecida “mili”. Las amistades son cortas, e intensas, y duran para siempre. Encantado de tener un nuevo amigo en Almería.
  7. Recibir un abrazo de Eduardo Rangel en el penúltimo avituallamiento. En circunstancias no fáciles, me sentí un privilegiado recibiendo un abrazo de este tío tan grande. Que te mire a lo más profundo de tus ojos dándote ánimos y fuerza para terminar podría considerarse doping emocional. Salí tan enchufado que hubiese seguido corriendo hasta Las Palomas…
  8. Recibir el cariño de los voluntarios. No hay prueba sin voluntarios, pero en el Titán adquieren una dimensión aún más especial si cabe. Sus sonrisas, sus ánimos, su predisposición, definen a la perfección el Espíritu del Titán. Y esa fruta fresquita que sabe a gloria… El melón, la sandía, las naranjas y los plátanos saben aquí mejor que en ningún sitio. Mis más sinceros agradecimientos a todos.
  9. Poder respirar alma, magia y corazón a lo largo de todo el recorrido. Estas tres palabras, santo y seña de la Fundación Andrés Olivares, forman parte también del “leif motiv” del Titán. Lo más bonito de esta vida no puede verse ni tocarse, tiene que sentirse con el corazón, de ahí que al principio dijese que el Titán no se puede contar, que hay que vivirlo. Algo que no se puede describir pero que al menos a mí me recuerda mucho a estas tres palabras.
  10. Sentir la dureza del recorrido golpeándote con todas tus fuerzas mientras subes el Boyar. Pocos minutos después de haber pensado que todo había sido disfrutar desde la salida y que aún no había habido lugar para el sufrimiento; el calor, las cuestas, la falta de entrenamiento, el cansancio acumulado, te ponen contra las cuerdas en segundos. Compañeros vomitando, otros que echan el pie a tierra, y un participante de apellido extranjero que rompe literalmente a llorar a tu lado cuando un voluntario le indica que aún quedan tres kilómetros para coronar.
  11. Chocar tus manos con el público mientras enfilas la recta de meta animado por los aplausos y gritos de la gente. El Titán también es su público. He visto pocos sitios donde se viva esta comunión entre atletas y público. Recorrer los últimos metros te transporta a las puertas del cielo.
  12. Cruzar esa línea de meta con la camiseta y la bandera de la Fundación Andrés Olivares, transmitiendo su mensaje. Pudo ser una osadía intentar un “Yo Adelanto Tú Donas” en un triatlón, y más aún hacerlo en el Titán. Pero al final el objetivo se cumplió, sin importar si el chip ya no venía conmigo en el tobillo.
  13. Respirar el ambiente en la plaza de Zahara. Apartarte un poco y contemplar los innumerables momentos que allí se viven. Padres sosteniendo en brazos a sus pequeños que no entienden muy bien como esa cara de sufrimiento puede mostrar una sonrisa de felicidad. El fotógrafo speaker que alterna sus dos funciones a la perfección, con una sonrisa imborrable. Pedidas de mano entre atletas. Abrazos de verdad entre amigos. Triatletas que a pesar de haberse dejado literalmente la piel en la carretera y cojear ostensiblemente cruzan la línea de llegada. Voluntarios que masajean a los guerreros intentando aliviar los dolores de sus castigadas piernas...  Me recuerda a una escena de la película “El Guerrero Pacífico”, cuando el Maestro Sócrates enseña a su alumno Daniel a contemplar, recreándose en el aquí y en el ahora y le indica: “Siempre está pasando algo”. Igual que en la plaza de Zahara. Igual que en Titán.
“This is Titán”. Adiós Titán XIII, bienvenido Titán XIV.
Ya suenan los tambores…
 
 
 

Fotos cortesía de mi amiga y compañera de #RetoMásVida Ivana Benítez. Gracias.

domingo, 3 de septiembre de 2017

ALGUNAS VECES, LA PALABRA GRACIAS SE QUEDA CORTA...


Después de lo vivido ayer, quería escribir una crónica un poco especial donde recoger tantos sentimientos, tantas emociones, pero sobre todo tantos agradecimientos pendientes.
Advierto que será largo, casi tanto como las 15:42:10 que duró el #RetoMasVida de ayer. Mis disculpas por adelantado a los que pueda resultarles pesado.
Después de la locura de semana, tenía muchas ganas de que amaneciese el Sábado. Una sensación de especial nerviosismo me despertó poco antes de que sonase la alarma. Un desayuno importante y una completa revisión de todo el material hacen que el tiempo vuele hasta la hora de la recogida. Ivana, me recoge puntualmente en mi puerta junto a Capi, participante también en la campaña de 1,5 metros desnudos que también se convertiría a la postre en uno de los protagonistas del día.
Llegamos rápido a Las Graveras, donde nos encontramos con Diego y la primera tanda de voluntarios de Byon, que serían los encargados de ir informando sobre el reto previamente a nuestra llegada a los distintos pueblos. Una gente espectacular, llena de vida, con los que nos tomamos una foto de recuerdo antes de comenzar a nadar. Llega también Germán, socio del Vivo Training Garden Las Graveras, y uno de los responsables de que podamos utilizar esas magníficas instalaciones para nadar. Allí está Manuel Olmo, Midnight Predator, Organizador del Hispano y una auténtica referencia en esta locura de deporte con quien tendremos el privilegio de compartir más de medio día. Se une Sergio, futuro Hispano que también nos iba a acompañar junto a Manuel. Sin tiempo a nada más, Germán nos avisa que son las 8:00. Un emotivo abrazo con Ivana y nos echamos al agua para comenzar a dar las primeras brazadas. Es un auténtico lujo nadar aquí. 7 vueltas a un circuito perfectamente señalizado de 550 metros nos llevarán a completar el primer segmento. Desde el primer momento compruebo que el hombro izquierdo de Ivana no va bien. Una lesión crónica le impide moverse con fluidez y se nota su esfuerzo en cada brazada. Sin embargo, la cara de determinación que muestra no me hace albergar la más mínima duda de que terminará. 6 primeras vueltas junto a Germán, Manuel y Sergio a un ritmo muy cómodo que me permite disfrutar como nunca de este segmento. Cada vez que pasamos por el pantalán los aplausos  de Diego, Capi y los voluntarios nos suponen una dosis extra de motivación. La última vuelta la realizo junto a Ivana en paralelo, siendo conscientes de que el primer segmento se acaba y estamos un poquitín más cerca de nuestro objetivo final. Nada más salir nos encontramos a Vane, que realizaría con nosotros todo el segmento de bici.
Transición cómoda para comenzar los primeros kilómetros del tramo ciclista. Se unen a nosotros Olmo, Sergio y Vane. Tan cómodos vamos y tal es nuestra confianza hacia ellos que ni nos acordamos del documento de exención de responsabilidad, que afortunadamente no sería necesario a la postre. Comenzamos a pasar pueblos, recibiendo aplausos de nuestros voluntarios, estratégicamente situados para difundir información sobre la donación de médula. En Los Jinetes se nos unen otros dos gregarios de lujo, Manuel (Madriles) y Agus, de los Informales de Alconchel, mucho más que un equipo ciclista. Julio (hermano de Manuel) se une en moto, y convierte una prueba no oficial en un evento de categoría similar a cualquiera de las tres grandes vueltas. Cualquier profesional hubiese envidiado su atención. Poco antes de llegar a Carmona nos encontramos con Nandi, diseñador del recorrido en bici que nos llevaría  por carreteras totalmente desconocidas para mí y por parajes de auténtico ensueño. Nuestros amigos Luis Cruz e Iván Cadierno completan la grupeta. Seguimos sin firmar papeles porque sabemos que no hará falta. Diez ciclistas devorando kilómetros por una buena causa. El paso por Carmona me resulta muy emotivo. Aunque Marta está lejos, la siento muy cerca, como a Javier y a Patri. Y qué decir de Juan Antonio. Seguro que allí donde esté habrá disfrutado con esta prueba. A pesar de que el viento frontal y el calor no ayudan, disfruto como nunca de este sector que suele ser mi talón de Aquiles. Gracias a los compañeros nos anticipamos a una zona en obras que no habíamos previsto y cambiamos el recorrido sobre la marcha. Carreteras tranquilas, con poco tráfico, con buen asfalto y paisajes muy agradables de contemplar. En El Viso del Alcor (kilómetro 120) tenemos parada obligada. Un espectacular avituallamiento por parte de los Informales de Alconchel refuerza nuestra teoría de que son mucho más que un equipo. Una gente espectacular, que dándolo todo nos monta una mesa que no he visto en muchos triatlones de marca en los que he competido. Aprovechamos la ocasión para refrescarnos y estirar un poco antes de emprender la marcha. Cuando me aparto un poco para llamar a María y confirmarle que todo va bien, una familiar voz gritando Papá me llega hasta lo más hondo del corazón. Daniela me saluda desde el coche de mis primos Ana y José Mari, que junto a María llevan toda la mañana “persiguiéndonos”… La felicidad se dispara hasta el infinito. Lo último que esperaba hoy era encontrarme con mi familia en el recorrido. Fotos, abrazos y besos (a pesar del sudor) y volvemos al lío. Nos despedimos de todos dando las gracias y aprovechamos unos kilómetros con viento a favor. Entre el viento y la motivación Ivana me comenta después que he estado pedaleando varios kilómetros a 35 km/hora, algo que pensaba que no era capaz de hacer. Mientras vamos recorriendo kilómetros en dirección a Sevilla se van quedando algunos miembros de este pelotón mágico. Los últimos en hacerlo son Manuel, Sergio, Vane y Nandi en Las Graveras, mientras Iván nos acompañará hasta el final de este sector. A lo largo de estos 180 kilómetros, Diego y Capi nos han ido aguardando en innumerables puntos del camino, avituallando y convirtiendo esos inolvidables momentos en fotografías y videos rebosantes de corazón.

Llegamos al Estadio Olímpico (T2) cerca de las 18:00, tras algunas vueltas por la Isla de La Cartuja para completar los kilómetros totales. Allí nos esperan, entre otros, el equipo de voluntarios que a lomos de sus bicis de montaña se convertirán en nuestros auténticos ángeles de la guarda durante el tramo a pie. Manuel, Arturo, Fran y Conchi se convierten en piezas imprescindibles para completar el puzle del reto en sus horas más duras. Realizamos una transición lenta, hidratándonos a tope porque el calor a estas horas es brutal. Vamos trotando en dirección a la estación de tren para acceder a la pista que nos debe guiar por los primeros  kilómetros del recorrido. Desde los primeros momentos nos damos cuenta de que no va a ser fácil. Un calor y una humedad que no esperábamos nos dificultan avanzar a buen ritmo. A pesar de que Ivana pasa dificultades porque no puede respirar bien, no me queda ninguna duda de que va a terminar. Cambia el trote por un caminar tan rápido que me cuesta trabajo seguirla. Pierdo la cuenta de las veces que pedimos líquido a los voluntarios, que nos atienden de forma exquisita. El acceso en coche al lugar por donde caminamos no es posible, por lo que su labor se convierte aún en más decisiva. Pasamos los diez primeros kilómetros prácticamente sin correr,  lo que nos hace albergar nuestras primeras dudas  sobre la posible hora de llegada. Al menos esto nos permite hablar, por lo que no se nos hace tan cuesta arriba. Incluso hay momentos para echar unas risas, como cuando pasamos por una zona un poco demacrada a la que tenemos que acceder saltando una valla o como cuando la distinta interpretación de la “Rotonda del Copero” nos lleva a retrasar el avituallamiento un poco más de lo previsto. Diego y Capi siguen haciendo kilómetros y buscando la mejor forma de llegar hasta las zonas con acceso. Cada vez que coincidimos devoramos sandía fresquita e incluso nos duchamos para bajar la temperatura corporal, porque a pesar de que va atardeciendo, sigue haciendo mucho calor. Algunos cambios en el tracking previsto nos hacen desviarnos del  plan inicial. Casi a las  9:00 nos encontramos a la altura del Polígono de la Isla, sin prácticamente luz natural y con varios kilómetros por cubrir por carreteras complicadas hasta llegar a Dos Hermanas. Comenzamos a preocuparnos por la gente que nos espera en la zona de meta, porque somos conscientes de que vamos a llegar con bastante retraso… Especialmente lo sentimos por Cristian, de Carros de Fuego y sus papás Ana y Feli, que hace ya bastante tiempo que nos esperan allí. Con la seguridad como principal criterio decidimos volver sobre nuestros pasos en dirección hasta Fuente del Rey, para desde allí acceder a la llamada Carretera Vieja a través de Bellavista, por donde transitaremos por un carril paralelo a la vía que deberá llevarnos a Dos Hermanas. Nos colocamos los frontales, y gracias a la iluminada escolta de los voluntarios transitamos sin ninguna incidencia a pesar de pasar puntualmente por tramos con tráfico de vehículos. Diego y Capi nos avisan que varios integrantes del Club Orippo nos esperan a la entrada del pueblo para acompañarnos en los últimos kilómetros. Raúl se ha encargado de organizarlo todo para que nos sintamos acompañados en este último tramo. Nos recomiendan acceder por un camino paralelo al último puente que nos facilitará la llegada a la Avenida Adolfo Suárez, en las cercanías de la línea de meta. Nada más comenzar a correr por la Avenida recibimos el calor de la gente. Coches que pitan, una legión de atletas del Orippo, amigos, conocidos…nos hacen olvidar el cansancio acumulado. Algo menos de 8 kilómetros nos separan de nuestro sueño. En la Glorieta de la Dehesa de Doña María nos encontramos con mi familia (otra vez María, mis primos Ade, Ana, Frank, José Mari, Carmen y esta vez Pablo en lugar de Daniela), con más amigos, más gente del Orippo (Nuria, Carmen, Mar, Chica, David, Ismael, Enrique y muchos más cuyos nombres ahora no acierto a recordar) Luis, Juan Dianez, Jose, Capi, que se une al grupo para acompañarnos en la carrera, y sobre todo a Cristian y a su familia. Preparamos las camisetas de la Fundación Andrés Olivares y su bandera para llevarlas en los últimos metros. Cristian y su sirena nos dan alas para recorrer los últimos kilómetros y disfrutarlos como es debido. Mientras Diego y los espectadores marchan en dirección a la línea de meta (Lago de la Vida) Ivana y yo, escoltados por los Orippo salimos en dirección al  Pensador. Hace calor y hay mucha gente a nuestro paso, que nos aplauden y dan ánimos. Desde la glorieta del Hipódromo bajamos en dirección a la meta, con una extraña sensación de alegría y tristeza, conscientes de que esto se acaba… En los últimos metros nos colocamos las camisetas de la Fundación y extendemos su bandera, mientras el pasillo de espectadores nos aplaude poniendo la guinda al pastel de este día tan cargado de emociones. Cruzada la línea de meta llega el momento de los abrazos (espectacular el primero junto a Ivana y Diego), las felicitaciones, las fotos… Como fin de fiesta, leemos un manifiesto sobre la donación de médula, agradeciendo a todos los que han hecho posible este sueño. Como decía al final, el #RetoMasVida no finaliza aquí. Ahora es cuando comienza. La experiencia ha sido tan positiva que lo mismo habría que plantearse futuras ediciones, limando fallos. Lo que es seguro es que esta no la olvidaremos. Como dice el  título de esta publicación, gracias es una palabra que se nos queda corta  para expresar todo lo que sentimos, pero de todas formas, GRACIAS DE TODO CORAZÓN. #DonaMédula #DonaVida.





domingo, 23 de abril de 2017

Gracias, Cristian


Gracias Cristian

Los que me conocéis sabéis lo pesado que me pongo con dar las gracias cada vez que finalizo algún reto. Como es lo que siento, no tengo ninguna intención de cambiarlo. Hoy, aunque el reto en principio parecía light, creo que las gracias están más justificadas que nunca. Esta mañana he tenido el honor de participar como impulsor junto a la Asociación Carros de Fuego en la carrera del Parque de María Luisa, correspondiente al circuito 10 K del IMD de Sevilla. Aunque no suelo ponerme muy nervioso antes de las carreras (revoloteo de mariposas en el estómago, visitas a Mr. Roca y poco más) la sensación de hoy superaba a lo que vivo antes de una Maratón o incluso de un Ironman. Era mi primera participación junto a ellos y creo que el desconocimiento, el miedo o la responsabilidad se empeñaban en jugármela. Afortunadamente, cuando fueron llegando los miembros de esta maravillosa familia, todo mi sentimiento se convirtió en emoción, ilusión, alegría, felicidad… Había tanto amor en esa glorieta del parque junto a la salida que era imposible no sentirse así. Desde el primer momento me sentí como uno más. Conocí a Cristian, el chico que capitaneaba nuestro equipo y uno de los tíos más grandes que he conocido en mi vida. También a sus padres, Félix y Ana, para quien simplemente no tengo palabras. Nos organizamos los relevos junto a Miguel, Juan y José Luis, mis compañeros de equipo. No tengo intención de realizar una crónica de la carrera, porque esta publicación pretende ser sólo una prueba de agradecimiento. Sí quiero destacar las muestras de respeto y cariño de los corredores a los que adelantábamos, que no han sido pocos, a los que advertíamos de la llegada del carro para evitar cualquier percance. Tras 45 minutos, espectacular llegada a la Plaza de España con los cuatro agarrados al carro y con un Cristian rebosante de felicidad. Escuchar su voz mientras lo entrevistaban y ver su cara cuando le colgaban la medalla ha sido el mejor regalo posible para sus impulsores. Gracias, Cristian, por haberme enseñado hoy la cara más bella del deporte, una cara que a pesar de mis años de practicante no había tenido oportunidad ni de imaginar. Gracias por habernos regalado tu sonrisa, y tu sirena, esa sirena de policía que me acompañará en todas las carreras y que estoy seguro que me dará alas cuando las cosas se compliquen. Gracias por tu ejemplo, por hacerme ver que no hay excusas para no seguir siempre adelante. Gracias por haberte fotografiado junto a mí, para guardar esa foto como un recuerdo inolvidable del día de hoy. Gracias a tus padres, Félix  y Ana, por ser una familia fantástica y por haberme enseñado hoy otro significado de las palabras Papá y Mamá. Gracias a tus compañeros de la asociación: Daniela, Casilda, Juan Carlos, David, Ismael, Manu, Luis Fernando,… y a todos los demás. Gracias a los que habéis participado hoy en la carrera de andadores por la lección que me habéis dado. Espero que me sirva para borrar definitivamente las quejas y excusas de mi diccionario. Gracias a sus padres y familiares, por haber creado esta Familia tan bonita. Gracias a Vicky, por haberme dado la oportunidad de conoceros en la pasada Feria de la Maratón de Sevilla, y por ser la más viva prueba junto a vosotros de que los ángeles existen… Gracias a todos los impulsores que hacéis posible este bello sueño, especialmente a mis compañeros Miguel, Juan y José Luis, que me han hecho apretar hoy como en mis mejores tiempos. Gracias también al IMD, por permitir esta categoría en sus carreras y haber introducido hoy la carrera de andadores, una experiencia que como he dicho antes jamás olvidaré. Gracias a esos corredores que nos han facilitado la carrera, y al público que nos ha  animado sin parar. Gracias a Alejandra, por el increíble reportaje fotográfico que ha realizado y del que he obtenido las  fotos que acompañan a esta publicación. Para terminar como empecé, gracias, Cristian. Muchas gracias. Espero volver a verte pronto.
 
 


lunes, 20 de febrero de 2017

Mi maratón más larga (MMML)


Comienzo esta crónica (poco deportiva, pero espero que muy emotiva) de la pasada Maratón de Sevilla con una frase de Anxo Pérez que me encanta apropiarme cuando cumplo algún sueño, y que viene a decir algo así como que cuando alcanzas el éxito es el momento no de pensar “qué he hecho bien”, sino de pensar ”a quién debo decir gracias”. Considero un éxito haber cruzado otra vez esa línea de meta, por lo que creo firmemente que es el momento de dar las gracias. Y quiero comenzar esta cadena de agradecimientos por mi mujer, María, porque sin ella no hubiese sido capaz de ponerme ni siquiera en la línea de salida. Ella es la que está siempre ahí, cuidando de Pablo y Daniela, encargándose de que todo esté en su sitio y soportando mis ausencias y este estilo de vida que roza permanentemente la línea de la cordura. Gracias. También especialmente a mis hijos, mi verdadera fuente de inspiración y motivación y a quienes intento inculcar con estas aventuras los valores innatos al deporte como el esfuerzo, la solidaridad, la voluntad, la lucha por tus sueños y la posibilidad de hacer de este mundo un lugar mejor. Gracias a mi familia, a mis amigos, a mis compañeros de trabajo, a todos los que tienen el inmenso mérito de soportarme durante más o menos horas al día. Gracias a la Fundación Luis Olivares, por apoyar todas mis iniciativas y ser la pieza que completa y da sentido al puzle. Gracias a todos los medios que difundís mis aventuras como si de un auténtico personaje mediático se tratase. Gracias a “Dos Hermanas Diario Digital”, con las innumerables entrevistas de Paco, a “Desde la Grada” con Adame, a “El Nazareno” con Valme, a “Muchodeporte” y a “Maratón Radio” con Eva y Rafa. Gracias a Torrewear (Carlos, Josewa) por esa espectacular camiseta fabricada con el corazón, con el mismo que adornaba su pecho y su espalda. Gracias también a la Organización de la Maratón, concretamente a Daniel Quintero por todas las facilidades que me habéis proporcionado y por haber retwitteado cada uno de mis innumerables twits.
Quinta participación en la Maratón de Sevilla y segunda vez que llevaba a cabo el Reto #YoAdelantoTúDonas. Tan satisfecho terminé el pasado año que hoy en día no concibo volver a correrla sin salir el último… El reto es sencillo de explicar y llevar a cabo. Salgo el último de la  maratón con el objetivo de ir adelantando a cuantos más mejor, con la esperanza de difundir el  mensaje de la importancia de la donación de médula y lograr el mayor número de donantes posible. Este año quería dar una vuelta de tuerca al asunto. Comencé contando mi proyecto a la Organización y solicitando un stand para difundir la labor de la Fundación Luis Olivares. Su respuesta no se hizo esperar: ¡deseo concedido! Poco a poco los entrenamientos me iban acercando al día “D” señalado en el calendario: 20 de Febrero de 2017. Este año además de buscar donantes de médula, también buscaba donación de fondos para la Fundación, inspirado por un comentario de mi hija Daniela. Daría la opción a todos mis allegados de que al final de la carrera realizasen una aportación libre y voluntaria en función de los adelantados.
Este año el hecho de disponer de un stand y vivir la Feria del Corredor desde dentro me iba a hacer vivir una experiencia única. Mi Maratón no empezó el Domingo a las 8:30. Lo hizo el Viernes 18 sobre esa hora cuando comencé a decorar el stand. Una sencilla mesa con la bandera de la Fundación Luis Olivares por tapete, unos calendarios, folletos sobre la labor de la Fundación y unas pulseras conmemorativas completaban la decoración junto a los posters que había impreso en A3 y pegado en las paredes. A mi derecha, los chicos de Acnur, con una labor encomiable y con el crack de Javi organizándolo todo y a mi izquierda, Edu, un auténtico fenómeno con su tienda de Longfield se convirtieron en vecinos de nivel. La mañana del Viernes comenzó tranquila. Poca afluencia de público pero vivencias muy enriquecedoras. Tuve la oportunidad de conocer la labor de las chicas de Carros de Fuego, una organización que nos da a cualquier corredor la posibilidad de vivir la espectacular experiencia de correr impulsando un carro con un ángel disfrazado de niño. La iniciativa me impactó y me enamoró desde el primer segundo, tanto que espero poder colaborar con ellos cuanto antes y saborear estos momentos que a buen seguro erizarán mi piel, como dice mi amigo Andrés.  
Voy recibiendo visitas de amigos con los que nos tomamos fotos para recordar y difundir en las redes sociales para ayudar a la tan necesaria labor de difusión de estas organizaciones. Vendo algunas pulseras, algunos calendarios pero sobre todo me llevo abrazos, sonrisas, miradas, conversaciones… Durante estos dos días desfilan entre otros Manu, Carlos, Antonio, Conchi, Fernando, Norber, Quisco, Juan Dianez, Juan Monroy, Javier,  Gaby, Mari Carmen, Antonio, Vitorrunning, Frank, Enrique, Ade, Carmen, Jose, Ana, Fernando, Laura, Ana, Diego, Marcos, Maca, Juan (aunque no coincido con estos tres últimos porque estoy en la comida de la pasta…) , Los Ruinas, José Luis, Dani, Encarni, Gonzalo, Raúl y cierran Ivi, Vane y Concha, que además me ayudan hasta a desmontar el stand. Dos días largos, intensos e inolvidables. Las casi 22 horas que paso allí cansan mis pies, pero alimentan mi espíritu. Como muestra más que representativa recibo una llamada de ALGUIEN (con mayúsculas) que me dice que ALGUIEN (también con mayúsculas) me ayudará desde el cielo. No puede leerse, no puede oírse, hay que sentirlo con el corazón. El sábado por la noche me marcho camino de casa con la seguridad de que la carrera del Domingo es un mero trámite, la guinda que coronará el rico pastel que hemos cocinado durante estos dos días.   
Por primera vez en mucho tiempo el día de la competición (curioso nombre, porque yo hace ya mucho tiempo que dejé de competir, de hecho tengo mis dudas si alguna vez lo hice…) me levanto muy tranquilo. Las mariposas revolotean hoy en el estómago de forma diferente a como lo suelen hacer estos días. Imagino que los dos días vividos forman parte de la maratón, y por eso hoy no hay lugar para nervios. La fina lluvia de camino al estadio se convierte en chubasco por momentos… Cumplimos con la fiel tradición de cambiarnos todos juntos. Sonrisas, abrazos, saludos…una foto abrazando a un amigo a miles de kilómetros de distancia (te espero el año que viene Tobi) y de camino hacia la salida. Salir el último te evita los nervios de los cajones. La música y la voz del speaker hacen de banda sonora de la avalancha de personas que cruzan el arco de salida. Espero pacientemente hasta que el último de los participantes la supere para comenzar mi Maratón. El GPS no pilla señal, y en lugar de reiniciarlo decido correr sin él.  El tiempo es lo de menos. No sentir la vibración en mi muñeca cada mil metros me evitará hacer los inevitables cálculos de ritmos, horarios previstos y demás. No me hacen falta. Hoy no. Oigo mi nombre a mi izquierda y me encuentro al crack de Diego Escobedo cámara en mano. Espero que me haya sacado un buen perfil, porque le hice caso y me peiné especialmente para él. Salgo enchufado. No sé a qué ritmo pero con muy buenas sensaciones. Las piernas van muy ligeras y no hay quien me borre la sonrisa de mi cara. Voy viendo llegar los carteles de los kilómetros antes de lo previsto.  En Ronda Triana me encuentro a mis amigos de la Fundación Josep Carreras: Fátima, Javier, Jordi,…unos auténticos cracks. Chocamos las manos y me llevo parte de su energía hacia adelante. Por República Argentina  diviso el globo de las 4 horas que lleva mi amigo Manuel Olmo junto a los Predators y mi amiga Ana. Los pillo a la altura de la Torre del Oro (buen lugar) y Manolo aprovecha para tomarnos una foto con la Gopro que guardaré en el fondo de mi corazón como recuerdo de este espectacular día. Justo antes de comenzar la bajada del subterráneo que nos llevará a Torneo me cruzo con mi amigo Ledesma que debuta hoy. Sigo adelante. Los aplausos y ánimos de la gente son el mejor combustible. En los avituallamientos los voluntarios llevan a cabo su impecable y poco reconocida labor.  En uno de ellos un auténtico crack con cuerpo de niño nos anima al grito de “Vamos al Aquarius, que me lo quitan de las manos…” Estamos en Sevilla… Cae el kilómetro 10 (la distancia con la que empecé a correr), el 20, justo antes de la media maratón… Todavía voy bien, adelantando a buen ritmo, pero sin obsesionarme como otras veces. Es curioso, no llevo reloj (lo llevo pero sin el GPS conectado, es decir como si no lo llevase) y sin embargo mi ritmo es mucho más uniforme que otras veces. Camino del 30 las piernas empiezan ya a notar los kilómetros. Aunque tengo muy presente la llamada del día anterior, intento utilizar el Comodín del Cielo sólo en caso de necesidad. Soy consciente de que tendrá cosas más importantes que hacer que ayudar a este pobre loco a finalizar la carrera, pero tampoco quiero perder mi conexión con Él, porque sé que es Él la verdadera causa de que esté hoy aquí. Supero la curva frente al Benito Villamarín, que siempre es un punto de inflexión en la carrera (y es que en este giro comienza el verdadero sufrimiento de muchos, no sé por qué aunque lo puedo intuir…) Viene lo más duro,  pero también lo más bonito. La interminable recta de la Palmera te lleva hasta el Parque de María Luisa, La Plaza de España, Calle San Fernando, Avenida de la Constitución… el centro está a rebosar. Por la catedral el pasillo se estrecha como si fuésemos subiendo un puerto en el Tour. Sentimos los aplausos y los gritos de la gente muy cercanos, y la cara de ilusión de los pequeños a los que chocas las manos.
Entrando a la Alameda, subidón de los buenos… mi compañero de trabajo Fran y su mujer Manoli me jalean e inmortalizan este momento con fotos que jamás olvidaré. Un niño grita: “Mamá, una camiseta del equipo de Luis Olivares”… tantas emociones seguidas hacen entrar a mi corazón en zona roja muy cerca de la meta. La calle pica ligeramente hacia arriba para recordar a tus muslos que llevan recorridos ya casi cuarenta kilómetros. El Puente de la Barqueta nos devuelve a la orilla del río donde nos espera la meta. Un par de rectas y ya podemos divisar el estadio. En el último giro a la derecha antes de buscarlo, una bandera blanca entre la multitud me avisa de la presencia de Mari Carmen, mujer de Gabi. Para poner broche a la fiesta, entraré por el estadio ondeando la bandera de la Fundación Luis Olivares. Las lágrimas asoman a mis  ojos por primera vez en el día de hoy, las mariposas anudan sus alas a la altura de la garganta y no se hace fácil respirar… La oscuridad del túnel desaparece al fondo con el dibujo de las gradas atestadas de gente. Elevo mis manos al cielo ondeando la bandera entre ellas…Saboreo cada zancada, cada bombeo de mi corazón, cada grito del público, como si lo viviese a cámara lenta. Soy yo, estoy aquí, ahora… Nada más cruzar la meta una cara conocida aparece detrás de una cámara. Diego otra vez, estuvo al principio y ahora al final…Camino despacio de camino a tomar mi medalla. Otra más. La quinta. Soy feliz, igual que la mayoría de los que me rodean. No importa el puesto, ni el tiempo, porque en la maratón, como en la vida, lo importante no es la meta, sino el camino…
Pido disculpas por la extensión de esta publicación, pero no me ha sido posible hacer una crónica más corta de esta maratón tan larga…
Ahora #ShowMustGoOn y… ¡¡¡a por la próxima!!!
¡¡¡Gracias a tod@s!!!